viernes, 17 de julio de 2009
Otra vez.
Otra vez todas las canciones suenan a ti. Otra vez me paro a escuchar los latidos de mi corazón (cada día más viejo y machacado) e intento recordar como se coordinaban perfectamente con los tuyos. Otra vez siento el miedo atroz de perder algo demasiado importante. Otra vez la verdad aterra y duele. Otra vez despertarse no tiene demasiado interés. Otra vez… otra vez me ha vuelto a pasar. Otra vez he descubierto todo aquello que no nos dijimos y he recordado todo aquello que sí dijimos y que nos marcó para siempre. Otra vez me he dado cuenta de que siempre tendrás ese hueco que tú abriste solo para tí.
Hoy de nuevo me he dado cuenta de que solo hace cinco días que no estás a mi lado y yo creía que había pasado una eternidad. De nuevo me he dado cuenta de que vuelven los malos tiempos.
Y anhelo dormir abrazada a ti y despertarme con un beso.
lunes, 6 de julio de 2009

martes, 30 de junio de 2009
Sentí miedo, porque mi corazón había decidido desconfiar de todos los corazones que se le acercaban con dobles intenciones.
Aun hoy me pregunto en qué fallé. Qué es lo que hice mal para que del mismo modo, tan sigiloso, con el que me robaste toda posibilidad de vivir sin ti, desaparecieras. Me maldije cada segundo de cada minuto, de cada hora de cada día por no haber sido capaz de llenarte en todos los sentidos para retenerte a mi lado por el fin de mis días.
Estuve dispuesta a olvidar la edad, a olvidar los abismos de costumbres, gustos, estilos y amistades que nos diferenciaban. Enfrenté la posibilidad de que todo pudiese estar en nuestra contra, cerré los ojos, metí la quinta y corté los frenos. Y choqué, choqué con algún obstáculo. Obstáculo que todavía no he identificado, y al cual, todavía hoy sigo dedicándole algunos minutos del día de mi pensamiento. Después de la colisión que secó mi corazón y se llevó parte de mi alma consigo, abrí los ojos y ya no estabas a mi lado. Y tras falsas promesas de volver a deleitarme con tu aparición, me resigné a la hecatombe de tu ausencia.
Pero me levanté de nuevo y fui capaz de mirar hacia delante, de manera diferente a cómo era antes de tu entrada triunfal, y de tu cobarde retirada.
Y tú, nunca llegarás a saber nada. Seguirás en la ignorancia de mis sentimientos, como siempre.
Aunque, quizás nunca te importaron.
sábado, 20 de junio de 2009
Dudas cercanas.

Y el tiempo se me escurre entre los dedos, porque sé que todo avanza y lo hace a una velocidad vertiginosa y en nuestra contra. Miro el calendario una y otra vez contando los días que faltan para volverte a tener, con un doble sentimiento. Me confunde todo esto… invade mis noches en vela, me tortura… mi conciencia no da tregua.
Deseo con todo mi ser que llegue ese momento, pero esa llegada... escuece,quema,pesa. Porque será la última vez, el fin de la historia. El final del cuento sin moraleja. El principio de las lágrimas. El comienzo de nada.
Y en días como hoy, una está harta. Harta de finales. Harta de ausencias y soledades. Harta de sentir que siempre falta algo.
- Y dime, ¿Qué haré yo, entonces, cuándo todo acabe?
sábado, 13 de junio de 2009
Contaminame.
viernes, 12 de junio de 2009
Sin ti.

Sigo esperando que llegue el día en el que todo haya pasado, que pueda mirar atrás sin sentir ese escalofrío… lo espero con la misma esperanza como espero con ansía a ese día que haga saltar la chispa de buenos sentimientos entre la poesía y yo… Y la verdad es que empiezo a dudar de que ese día llegue…
De lo que no tengo dudas es de tu vuelta. Sé que jamás volverás, que tu hasta luego fue un adiós definitivo, un ‘’me marcho para no volver’’ que tuve que leer entre líneas… Pero aun así me mantuve firme con mi sonrisa y mi buen humor hacia ti. Y a veces, solo a veces deseo que sepas todo esto, deseo contarte todo lo que sentí contigo, todo lo que sentí con tu partida y todo lo que me sigue rondando por la cabeza…
miércoles, 3 de junio de 2009
Need you.
- ¿Me echas de menos?
- Lo sabes.
- Lo sé.
Y aun hoy, ese miedo, sigue llenando mis noches en vela.
martes, 2 de junio de 2009
La enfermedad del amor.

Dicha enfermedad constaba de dos fases:
1. La Fase pasional: el inicio, que siempre es una causa externa, es la visión del objeto de deseo. Una vez despertado el deseo pueden ocurrir dos cosas: que el deseo desaparezca o que aumente. Si ocurre esto último, se convierte en una obsesión, de modo que solo se piensa en el objeto deseado. En este punto se corrompe el juicio de la razón; la razón pasa a estar al servicio de ese deseo. Aquí ya se lo puede considerar como una patología; nade la enfermedad.
2. La Fase de la patología: Los médicos lo denominaban técnicamente “aegritudo amoris”. En este punto, el objeto de deseo focaliza toda la actividad cerebral. El cerebro retiene la imagen del objeto de deseo en la fantasía y la recuerda constantemente en la memoria. Así pues, el individuo cuando llega a este estado patológico tiene la RAZÓN al servicio de la VOLUNTAD.
Como toda enfermedad registrada tiene unos síntomas y unos posibles remedios, con mayor o menor eficacia.
Síntomas.
- Insomnio.
- Falta de apetito.
- Palidez.
- Adelgazamiento rápido.
- Ojeras. (Estos tres últimos derivados de los dos primeros)
- Cambios bruscos de ánimo.
- Respiración irregular.
- Hablar constantemente del objeto de deseo.
- Suspiros profundos.
- Aceleración del pulso y ritmo cardíaco irregular. (En este último caso, se van diciendo nombres de posibles candidatos al enfermo de amor y controlando en cuál de ellos se alteraba el pulso se intentaba descubrir la identidad del causante.)
Remedios. (Remedia Amoris)
- Tomar baños de agua caliente para relajar el cuerpo y devolver al organismo su equilibrio.
- Quitar del pensamiento al objeto de deseo de cuatro modos:
1. Haciendo un largo viaje.
2. Intentando convencer al apasionado de que en el momento en el que consiga lo que desea terminará su interés por esa persona.
3. Hablándole mal de su objeto de deseo.
4. Mostrándole al apasionado a una anciana e intentar convencerle de que en poco tiempo su amada será así.
- Hacer el amor con otra persona distinta al enamorado. La explicación científica a este remedio estaba en la sangre, que era la que sufría una alteración grave en el enfermo y, a su vez, era la encargada de producir el semen en el apasionado. Así, el enfermo tenía gran acumulación de semen y era una forma de expulsarlo e intentar devolver a la sangre su equilibrio.
Remedios que se pensaban eficaces pero que no lo eran. El amor estaba considerado como una enfermedad que podía ser grave e incluso podía llevar a la muerte… pero, cuando todo va bien, ¿no es el mejor de los regalos?
jueves, 28 de mayo de 2009
Un final anunciado.

- Vale, nos vemos luego.
Ella respondió esas pocas palabras sin saber que serían las últimas que le diría a través del teléfono. A las 11 y pico, llegó él tan impuntual como siempre.
No tardaría mucho en darse cuenta de que estaba extraño… no actuaba como siempre, no la miraba con los mismos ojos de deseo con los que hasta entonces lo había hecho.
-¿Te pasa algo?—Le preguntó ella, aterrada por la posible nefasta respuesta.
-No, no, ¡que va!.
- ¿Seguro?
- Sí, solo me duele la cabeza…bastante, además.
Llegamos al lugar dónde nos esperaban las demás parejas amigas. Pero su cara seguía igual… Ella empezó a preocuparse. Él le propuso que salieran fuera porque se estaba agobiando con la música, y ella pensó que al quedarse asolas, tal vez, cambiaría de actitud…pero no, no se acercó a ella más de lo estrictamente necesario. Ni besos, ni caricias, ni abrazos. Solo cigarros y charla. Charla intercalada cada equis minutos por las preguntas de ella sobre su estado.
Volvieron con los demás… y todo siguió igual. Ella tomó una decisión, poniéndose en lo peor y se dijo: venga niña, aprovecha esta noche, porque seguramente sea la última a su lado.
Decidieron irse a casa, y como siempre, él aparcó el coche en un lugar alejado de la gente y no muy lejos de la casa de ella. Intimidad completa, por fin; pensó la chica.
Y de repente, el cambio que había estado esperando toda la noche… empezó a besarla y a entregarse como pocas veces lo había hecho… (¿y su dolor de cabeza?)
A las pocas horas, ella subía a su casa y él partía hacia la suya. Habían quedado en verse el lunes a la hora de siempre, en el lugar de siempre. Ella sonreía, se sentía feliz porque el susto de aquella noche solo había quedado en eso, un susto.
Esperó al lunes con impaciencia, dos días parecían dos siglos… y llegó el lunes. La mañana del lunes en la facultad se hizo eterna… Cuatro y media de la tarde, vale ya solo quedan 45 minutos. Cinco menos veinte, impaciencia. Le dio por mirar el móvil y en ese momento recibía un sms de él. Lo abrió feliz, pero una parte de ella tenía miedo… algo de ella se esperaba aquello. No podía ir, tenía que hacerse cargo de su hermano pequeño y ya quedarían otro día.
Pero ese otro día nunca llegó. Ella esperó paciente por fuera; impaciente por dentro. Le comían los nervios y el temor. En el fondo sabía que todo estaba acabando. Tras una semana sin noticias de quedar… llena solo de conversaciones vacías a través de la pantalla, que era más económico que el teléfono… ella se decidió a preguntarle qué pasaba.
Y todo terminó, sin una despedida en condiciones, sin un adiós. Sin poder despedirse de su mirada, de sus manos, de sus labios.
Llegaban los días de añorar, de recordar sin querer y queriendo, de sentir que le faltaba el aire sin él. De verle y oírle en todas partes, en otras caras, en otras voces.
lunes, 25 de mayo de 2009
Tardes de domingo.
Puntos finales.
Filología.
J.A. Hernández, Diario de Cádiz, 31 de marzo de 2003
Descripciones de una misma, para una misma.
Deseos de libertad.
¿Nunca has ansiado con todas tus fuerzas la libertad extrema?
Ahora todo daba igual.
Deberes pendientes.
… pero todo es tan difícil fuera de tus brazos..